California cumple 250 años: por qué la complejidad es importante en la historia pública
En su reciente artículo de opinión publicado en el SF Chronicle, la directora ejecutiva del OMCA, Lori Fogarty, analiza el papel de California en el 250.º aniversario de los Estados Unidos y aboga por un enfoque más honesto y matizado de la historia pública, que acepte la complejidad en lugar de la simplificación. En lugar de tratar a California como una historia sencilla de progreso o prosperidad, la presenta como un lugar moldeado por fuerzas que se superponen y, en ocasiones, se contradicen: la migración y el desplazamiento, la oportunidad y la exclusión, la innovación y el daño.
Una cuestión central de su artículo gira en torno a la autoridad narrativa: quién tiene la potestad de definir la historia de un lugar y qué historias se ponen en primer plano cuando se cuenta esa historia. Fogarty considera que California reviste especial importancia en este contexto debido a su larga trayectoria como destino y punto de origen de la migración. Estos movimientos, que abarcan siglos y continentes, han convertido al estado en uno de los más diversos culturalmente del país, pero también han estado marcados por la violencia, los desplazamientos forzados y la desigualdad.
En lugar de separar estas realidades, Fogarty insiste en que deben entenderse en su conjunto. Tal y como escribe: «Estas son las historias complejas y contradictorias que deben compartirse —para y por California—».
Asimismo, destaca la responsabilidad de las instituciones culturales a la hora de dar forma a la forma en que se entiende la historia. Según su visión, los museos no son meros custodios pasivos de los registros. Son intérpretes activos de la memoria y el significado, con el poder tanto de reducir la historia a una única narrativa como de dar cabida a sus contradicciones. Fogarty deja claro que esta última opción no solo es preferible, sino necesaria.
Otra idea clave de su reflexión es que la narración histórica es inseparable de la vida cívica. La forma en que una sociedad recuerda su pasado influye directamente en cómo entiende su presente. En este contexto, Fogarty escribe: «Debemos ser lugares de verdad y memoria, de resiliencia y resistencia». Esta afirmación replantea el papel de los museos como instituciones cívicas con la responsabilidad no solo de conservar objetos e historias, sino también de involucrar al público en conversaciones difíciles y necesarias, y de poner de relieve las historias que nos unen.
Es importante destacar que se opone a la idea de que narrar historias complejas menoscabe el sentido de identidad compartida. Por el contrario, sugiere que lo refuerza. Al reconocer tanto los logros como los agravios, la inclusión y la exclusión, la historia de California se vuelve más representativa, y no menos. Refleja las experiencias vividas por las numerosas comunidades que han dado forma al estado a lo largo del tiempo.
Fogarty también relaciona este enfoque con un momento nacional más amplio, ahora que Estados Unidos se acerca a su 250.º aniversario. En ese contexto, California no se presenta como algo ajeno a la narrativa nacional, sino como un lugar clave para comprenderla. La historia del estado, marcada por los movimientos, los encuentros culturales y la transformación, refleja muchas de las tensiones fundamentales de la propia historia de Estados Unidos.
En definitiva, su reflexión aboga por una forma de historia pública que ponga de relieve la complejidad y la contradicción, en lugar de simplificarlas. Invita al público a aceptar la contradicción en lugar de resolverla, y a comprender que la complejidad no es un problema que haya que resolver, sino una realidad con la que hay que comprometerse. Al hacerlo, replantea la historia como un proceso en curso, uno que sigue configurando la forma en que las comunidades se perciben a sí mismas y su lugar en una narrativa nacional más amplia.